Construcción del self : Dificultades amorosas en tiempos de incertidumbre laboral (1)
En este post vamos a hablar de la tensión que genera en la construcción del self-core la conciliación entre vida laboral y vida emocional. Vamos a cambiar el mapa habitual con el que interpretamos la vida emocional y las decisiones humanas. Aparte de utilizar ideas de la psiquiatría transdiagnóstica clínica, la neurobiología clásica, o la filosofía, propongo una síntesis más transversal del comportamiento humano.
Vamos a utilizar conceptos de las siguientes teorías, teoría de control jerárquico (Ashby, Friston, Powers), metapsicología de la agencia: La agencia es una configuración del self, fenomenología del self encarnado, y modelos de evolutionary fitness.
Por lo tanto, intentaré presentar una explicación del modelo de arquitectura del self core, para poder comprender cómo se organiza —y se desorganiza— la identidad del ser humano en un movimiento dialéctico entre el trabajo y las relaciones afectivas interpersonales.
Primer axioma : EL PROBLEMA NO ES “RELACIÓN AMOROSA vs TRABAJO”
El problema real es cómo mantener la soberanía interna del self-core frente a las corrupciones del sistema de control.
W. Ross Ashby (1903–1972) formuló en An Introduction to Cybernetics (1956) que todo sistema viable debe conservar suficiente variedad interna para no ser dominado por perturbaciones externas; aplicada al self, la pérdida de soberanía equivale a una reducción crítica de variedad regulatoria.
En ese marco, el self no es ante todo un sistema relacional, sino un sistema de control cuya función primaria es mantener estabilidad funcional frente al entorno.
Karl Friston (1959– ) reformula esta intuición en The Free-Energy Principle (2010) y Active Inference (2021): los organismos persisten minimizando energía libre, es decir, preservando modelos generativos propios frente a la sorpresa. La sorpresa puede suponer una recodificación de la estructura de recompensas en el núcleo accumbens.
Cuando una relación invade el núcleo decisional, introduce errores de predicción no integrables y obliga al sistema a reorganizar su conducta alrededor del vínculo, erosionando la autonomía del modelo interno.
Michel Foucault (1926–1984), en Sécurité, territoire, population (1978) y Naissance de la biopolitique (1979), define la soberanía como la capacidad de un sistema para gobernarse a sí mismo, antes incluso de gobernar a otros. Trasladado al self, el colapso no es emocional sino político: el sujeto deja de ser el centro de gobierno de su conducta. En Le gouvernement de soi et des autres (1982–1983), Foucault anticipa que el poder más eficaz no reprime, sino que organiza los circuitos internos de regulación.
Peter Fonagy (1952– ), en Affect Regulation, Mentalization and the Development of the Self (2002), muestra que la mentalización colapsa cuando el vínculo exige lealtad afectiva a costa de la representación del self. La captura relacional sustituye el modelo interno propio por el del otro, degradando la reflexividad y aumentando la dependencia regulatoria.
Así, desde Ashby hasta Fonagy, el problema no es amar, sino ceder el gobierno del kernel operativo del self a un sistema externo: una falla de control y soberanía, no de apego.
El self-core no es un dispositivo diseñado para maximizar vínculos, sino un sistema cognitivo orientado a preservar su autonomía operativa. Su función primaria no es amar, sino mantener intacto su núcleo de decisión, predicción y regulación.
La relación romántica, por su propia arquitectura, tiende a interferir en el bucle de control principal: introduce variables externas con capacidad de secuestrar atención, valor y prioridad. No por patología, sino por diseño.
El trabajo, en cambio, suele reforzar ese bucle: estructura el tiempo, jerarquiza objetivos y estabiliza la agencia.
Segundo axioma: el self es un sistema jerárquico de control (no es un Yo unitario)
1. Control de bajo nivel :interocepción, valencia
Este nivel corresponde a los sistemas homeostáticos primarios, encargados de regular el estado interno del organismo.
Incluye la interocepción (señales viscerales, autonómicas, endocrinas) y la valencia afectiva básica (agrado–desagrado, calma–amenaza). No opera con significados ni objetivos explícitos, sino con errores de desviación corporal respecto a rangos óptimos.
Su función es garantizar la viabilidad biológica inmediata. En términos de Friston, minimiza energía libre a muy corto plazo; en términos clínicos, es el nivel donde se expresan la ansiedad somática, el malestar difuso o la activación sin objeto. Cuando este nivel domina, el organismo reacciona, pero no decide.
¿ qué entendemos por minimizar la energía libre a corto plazo?
En este contexto, no se trata de ahorrar calorías ni de gastar menos esfuerzo físico.
“Minimizar energía” es una forma técnica de describir cómo un sistema vivo evita estados impredecibles que amenazan su continuidad.
En la formulación de Friston, la energía libre no es energía física directa, sino un límite matemático de la sorpresa: cuán lejos está el estado actual del organismo de lo que su modelo interno espera.
Un organismo persiste en el tiempo si logra mantener sus estados dentro de rangos esperables. Todo lo que empuja al sistema fuera de esos rangos —dolor, caos emocional, incoherencia conductual, contradicción identitaria— aumenta la energía libre.
En este punto
podemos hablar de
Las investigaciones de Wolfram Schultz y los trabajos posteriores en este campo han establecido que la señalización dopaminérgica en el mesencéfalo (área tegmental ventral y sustancia negra pars compacta) codifica el error de predicción, no el placer en sí mismo.
Durante décadas se pensó que la dopamina era, esencialmente, el neurotransmisor del placer. Schultz cambia radicalmente esta idea a finales de los años noventa, a partir de estudios electrofisiológicos en primates, demostrando que la dopamina no codifica el placer, sino el error de predicción de recompensa.
Es decir, el cerebro no responde tanto a lo que ocurre, sino a la diferencia entre lo que esperaba que ocurriera y lo que finalmente sucede (expectativa versus realidad).
Las neuronas dopaminérgicas muestran descargas fásicas cuando los resultados son mejores de lo esperado (error de predicción positivo) y descensos transitorios cuando los resultados son peores de lo esperado o cuando la recompensa esperada se omite (error de predicción negativo).
Esta codificación bidireccional es central en los
modelos de aprendizaje por refuerzo y se observa de forma consistente entre
especies, incluidos humanos y roedores.
Los errores de predicción negativos persistentes —situaciones en las que los resultados caen sistemáticamente por debajo de las expectativas— se asocian con una reducción de la actividad dopaminérgica.
Este fenómeno está vinculado de manera mecanicista a la pérdida de energía en los sistemas psicológicos, ya que los errores de predicción negativos crónicos pueden embotar la motivación, deteriorar el aprendizaje y contribuir a la anhedonia y a síntomas depresivos.
En la depresión, por ejemplo, la atenuación de las señales de
error de predicción en el estriado y el mesencéfalo se correlaciona con una
mayor gravedad de la anhedonia, lo que apoya la idea de que una alteración del
procesamiento dopaminérgico del error de predicción subyace a los déficits
motivacionales.
Desde este marco, la pérdida de energía psíquica deja de ser una metáfora vaga y se convierte en algo muy concreto: la exposición repetida a errores de predicción negativos que el sistema no logra integrar.
Cuando el mundo
devuelve sistemáticamente “menos de lo esperado”, el organismo entra en estados
reconocibles: desánimo, ansiedad, indefensión, retraimiento, rigidez. No porque
el mundo sea objetivamente malo, sino porque el modelo interno no logra
ajustarse sin colapsar.
La primera forma de reducir esta pérdida de energía es regular el cuerpo.
Ajustar la
respiración, el tono autonómico, el eje del estrés o utilizar psicofármacos no
cambia lo que el sujeto espera del mundo. El error de predicción negativo sigue
ocurriendo. Lo que cambia es el coste fisiológico y afectivo de esa señal. Se
reduce la hiperactivación noradrenérgica, la amplificación interoceptiva y la
desorganización somática. Desde el punto de vista de Schultz, el sistema sigue
detectando que algo ha fallado, pero **ya no se descompensa por ello**. Por eso
la medicación estabiliza, contiene, sostiene, pero rara vez transforma por sí
sola: amortigua el error, no lo convierte en aprendizaje.
La segunda vía es actuar sobre el mundo.
Modificar el entorno —evitar determinadas situaciones, aumentar el control, producir, trabajar más, vincularse estratégicamente— reduce la probabilidad de encontrarse con resultados peores de lo esperado.
En términos dopaminérgicos, el sistema disminuye la varianza de la recompensa y se protege de grandes errores negativos. Es una estrategia adaptativa y eficaz a corto plazo, pero tiene un precio: se reduce la exploración, el modelo interno se rigidiza y el aprendizaje se empobrece.
Clínicamente, da lugar a vidas aparentemente funcionales, pero estrechas, donde
la estabilidad se paga con miedo al cambio.
La tercera forma, y la más profunda, es actualizar el modelo interno.
El error de predicción
negativo solo existe porque hay una expectativa previa. Si se modifica esa
expectativa, se modifica el error. Las terapias cognitivas, narrativas y de
significado actúan exactamente aquí: ajustan creencias, redefinen lo que se
espera, reorganizan la identidad y el sentido. El resultado externo no cambia,
pero cambia la predicción. Experiencias que antes producían una caída
dopaminérgica dejan de hacerlo porque ahora encajan con el modelo. Este
mecanismo explica tanto la curación auténtica —expectativas más realistas,
flexibles y vivas— como ciertas defensas patológicas, donde el deseo se aplana
(“en realidad no lo quería”, “nada importa”) para no volver a errar.
La potencia de la teoría de Schultz es que permite entender estas tres estrategias dentro de un único marco. Regular el cuerpo reduce el dolor del error.
Controlar el entorno reduce la probabilidad del error.
Cambiar el modelo interno redefine qué cuenta como error.
La salud mental no consiste en eliminar los errores de predicción negativos —eso sería incompatible con aprender y desear—, sino en recuperar la capacidad de tolerarlos sin colapsar, permitiendo que vuelvan a cumplir su función original: informar, ajustar y transformar.
Cuando el error deja de ser
catastrófico y vuelve a ser informativo, el sistema recupera energía,
plasticidad y continuidad del yo.
En conjunto, la pérdida de energía en los sistemas psicológicos está estrechamente relacionada con errores de predicción negativos persistentes, los cuales son codificados por una señalización dopaminérgica reducida en el mesencéfalo y sus proyecciones.
2. Control de medio nivel: conducta orientada a metas
Aquí se sitúan los circuitos de acción, responsables de seleccionar conductas en función de objetivos, recompensas y contingencias ambientales.
Este nivel integra señales interoceptivas con información externa para organizar secuencias de acción relativamente estables.
Opera con planes, hábitos y estrategias, pero todavía sin una narrativa del self. Es el dominio del refuerzo, la motivación y la eficacia conductual. Desde la cibernética, regula bucles de control instrumental; desde la clínica, es el nivel alterado en la impulsividad, la evitación o la conducta compulsiva.
Un organismo puede funcionar bien en este nivel —ser productivo, eficaz— sin tener coherencia identitaria.
3. Control de alto nivel :coherencia narrativa, identidad, agencia
Este es el nivel constitucional del self. No regula estados ni conductas concretas, sino la coherencia global del sistema a lo largo del tiempo.
Aquí se integran pasado, presente y futuro en una narrativa que sostiene identidad, creencias, valores y sentido de agencia. Es el nivel donde el sujeto se reconoce como autor de sus actos, no sólo como ejecutor.
Conclusiones
La tensión entre vida laboral y vida emocional no constituye, en su núcleo, un conflicto afectivo ni un problema de apego, sino una cuestión de arquitectura del self. El self-core no es un yo unitario ni un dispositivo orientado prioritariamente al vínculo, sino un sistema jerárquico de control cuya función primaria es preservar la soberanía operativa, la capacidad de predicción y la continuidad de la agencia.
Desde la cibernética de Ashby hasta el principio de energía libre de Friston, pasando por la metapsicología de la agencia y la fenomenología del self encarnado, el colapso aparece cuando inputs emocionales o relacionales invaden el kernel decisional del sistema, introduciendo errores de predicción persistentes que no pueden ser integrados sin desorganizar el conjunto. En ese punto, el problema deja de ser emocional y se vuelve constitucional y político: el sujeto pierde el gobierno de su propia conducta.
La neurobiología dopaminérgica del error de predicción permite comprender este proceso con precisión: la exposición crónica a resultados peores de lo esperado, sin posibilidad de actualización del modelo interno, conduce a una pérdida real de energía psíquica, expresada clínicamente como anhedonia, rigidez, ansiedad o desánimo. Regular el cuerpo, controlar el entorno o redefinir el modelo interno son las tres grandes estrategias disponibles; solo esta última permite una transformación duradera.
El trabajo tiende a reforzar los bucles de control instrumental y la estabilidad de la agencia; las relaciones afectivas, por su propia arquitectura, introducen variables capaces de secuestrar atención, valor y prioridad. No por patología, sino por diseño. El conflicto emerge cuando esta interferencia erosiona la coherencia narrativa y la integración temporal del self.
En última instancia, la salud mental no consiste en eliminar el error, el deseo o la sorpresa, sino en recuperar la capacidad de tolerar el error sin colapsar, permitiendo que vuelva a cumplir su función informativa y transformadora. Cuando el error deja de ser catastrófico y vuelve a ser inteligible, el sistema recupera energía, plasticidad y continuidad del yo.
El siguiente post abordará cómo esta arquitectura del self se explica desde modelos estructuralistas:
Autor
Dr. Jaume
Guilera
El Dr.
Jaume Guilera es médico especializado en trastornos del aprendizaje y
del neurodesarrollo, con más de 25 años de experiencia clínica. Desarrolla
su actividad en su despacho situado en Barcelona.
Desde este blog,
comparte conocimiento actualizado y herramientas prácticas para comprender y
abordar los trastornos cognitivos más frecuentes en niños y adolescentes.
Su enfoque se
basa en la neuropsicología cognitivo-conductual, integrando
evaluación y entrenamiento de funciones ejecutivas, lenguaje, aprendizaje y
conducta. Trabaja junto a un equipo multidisciplinar —psicólogos, pedagogos y
médicos— para ofrecer una intervención individualizada, ajustada a
las necesidades de cada niño o adolescente.
Trayectoria
profesional y académica
El Dr. Guilera ha
desarrollado, en el pasado, actividad investigadora en dos instituciones de
referencia:
- Servicio de Psiquiatría del Hospital
Vall d’Hebron,
colaborando en proyectos sobre neurodesarrollo y psicopatología infantil.
- Unidad de Psicología Básica de la
Universidad de Barcelona (UB), participando en líneas de investigación sobre procesos cognitivos y
funciones ejecutivas.
Actualmente
es tutor de prácticas de la UB, autor de materiales de divulgación
y asesor clínico en diversos centros educativos del área de
Barcelona.
Autor de una
colección de libros para el entrenamiento cognitivo (Amazon)
El Dr. Guilera es
autor de una amplia colección de cuadernos de entrenamiento en
funciones ejecutivas y comprensión lectora, publicados en Amazon y
utilizados por familias, escuelas y profesionales de habla hispana.
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ejecutiva — Serie de entrenamiento (Amazon)
Entre los títulos
más destacados se encuentran:
- Inhibición
de Respuesta – Cuaderno 2
- Flexibilidad
Cognitiva – Cuaderno 7
- Organización de la Tarea y Materiales
– Cuaderno 8
- Iniciación
de Tarea – Cuaderno 1
- Autorregulación
– Cuaderno 9
- Planear
y Planificar – Cuaderno 6
Estos cuadernos
forman parte de una colección estructurada de intervención,
diseñada para mejorar las habilidades ejecutivas mediante ejercicios prácticos,
progresivos y basados en evidencia.
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lectora — Colección para todas las edades
- Comprensión lectora D3 (Nivel
Avanzado, 12–99 años)
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A1–A2 (de 6 a 8 años)
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estrategias de lectura, inferencias y comprensión profunda del texto
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trabajo clínico
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- Dislexia
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Bibliografia
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Breve explicación de la propuesta teórica de W. Ross Ashby:
ResponderEliminarLa cibernética es una ciencia interdisciplinaria que estudia los sistemas de control y comunicación tanto en los seres vivos como en las máquinas. Su objetivo es comprender cómo se comportan estos sistemas, adoptando un enfoque funcional y conductista, más centrado en el funcionamiento que en la estructura física.
Según Ashby, estos sistemas están formados por estados entre los que el sistema va transitando. Por ejemplo, un semáforo tiene tres estados (verde, ámbar y rojo) y el paso de uno a otro es una transición. Entender cómo un sistema realiza estas transiciones permite comprender su esencia o funcionamiento central (core self). Además, todo sistema puede analizarse como una "caja negra" a partir de sus entradas (inputs) y salidas (outputs). Si se observa durante el tiempo suficiente cómo el sistema transforma lo que recibe en lo que emite, es posible inferir su lógica interna sin necesidad de "abrirlo", algo fundamental para entender la mente sin tener que diseccionar el cerebro.
En relación con estos estados, Ashby introduce el concepto de variedad, que es el número de estados posibles que un sistema puede presentar. La variedad es una medida de la complejidad y la incertidumbre, y aquí es donde la cibernética se convierte en una herramienta de gestión. Según la Ley de Variedad de Requisito, "solo la variedad puede absorber variedad". Esto significa que, si quieres controlar un sistema o sobrevivir a un entorno, tu capacidad de respuesta (tu variedad interna) debe ser igual o mayor a la complejidad de los problemas que enfrentas. Por ejemplo, si un delantero puede chutar de cuatro formas distintas, un portero necesita al menos esas cuatro respuestas para no ser derrotado.
Este equilibrio se manifiesta a través de la relación entre tres elementos clave: las Variables Esenciales (E), las Perturbaciones (D) y el Regulador (R).
Las Variables Esenciales son los valores críticos que el sistema debe mantener estables para seguir existiendo (como nuestra temperatura o niveles de oxígeno).
Las Perturbaciones son las fuerzas del mundo exterior que intentan sacar a esas variables de su zona segura.
El Regulador actúa como un escudo que se interpone entre ambas.
La regulación es, en última instancia, un bloqueo de la variedad: el regulador absorbe el caos del entorno (D) y lo traduce en estabilidad para el sistema (E). Por eso, para que tu vida sea simple y predecible (Variedad de E baja), tu capacidad de acción y respuesta debe ser muy compleja y diversa (Variedad de R alta). Si el mundo cambia de forma tan impredecible que tus respuestas habituales ya no funcionan, entra en juego la ultraestabilidad: la capacidad del sistema para reconfigurar sus propias conexiones internas y adaptarse. En cibernética, la estabilidad no es quedarse quieto, sino tener la flexibilidad de cambiar internamente para seguir siendo el mismo.
Breve explicación de la propuesta de Karl Friston:
ResponderEliminarLa teoría de Karl Friston, conocida como el Free-Energy Principle (FEP) y desarrollada posteriormente en el marco de la Active Inference, intenta explicar qué es lo que permite a los organismos vivos mantenerse con vida. Esta propuesta se apoya en tres grandes tradiciones teóricas: la cibernética, la codificación predictiva y la inferencia bayesiana.
Desde el FEP, los organismos vivos (tanto seres unicelulares como humanos) se consideran agentes dinámicos que están separados de su entorno por una interfaz llamada manta de Markov. Esta interfaz puede ser, por ejemplo, la membrana celular, la corteza de un árbol o la piel de un mamífero. Su función es separar el interior del agente del mundo externo, haciendo que el organismo sea una entidad autocontenida y relativamente autónoma respecto al entorno.
Esto implica que los agentes nunca acceden directamente al mundo exterior. Toda la información que reciben y todas las acciones que realizan pasan necesariamente a través de esta interfaz. Por tanto, los agentes deben inferir el estado real del entorno a partir de la información sensorial limitada a la que tienen acceso, construyendo y actualizando continuamente un modelo interno del mundo.
Según el Free-Energy Principle, todos los agentes actúan para minimizar los errores en sus estimaciones sobre el entorno. Estos errores se cuantifican mediante un concepto clave: la energía libre. La energía libre es una medida de la discrepancia entre lo que el agente espera percibir y lo que realmente percibe.
Cuanta más energía libre, más errores de predicción y por tanto menor es la probabilidad de que el organismo logre mantenerse con vida.
Por el contrario, una menor energía libre implica menos errores de predicción y, por tanto, una mayor probabilidad de supervivencia.
De este modo, todo agente tiende a minimizar su energía libre, ajustando sus creencias sobre el mundo o actuando sobre el entorno para hacerlo más predecible. Todas las acciones, desde esta perspectiva, están impulsadas por la necesidad de reducir la incertidumbre, mantener el equilibrio y asegurar la propia estabilidad. En esencia, los organismos se esfuerzan continuamente por predecir y comprender su entorno, minimizando las discrepancias entre sus creencias internas y la evidencia sensorial que reciben.
Breve explicación de la propuesta de Michel Foucault:
ResponderEliminarEn Sécurité, territoire, population (1978) y Naissance de la biopolitique (1979), Michel Foucault analiza el paso de un modelo clásico de poder a un nuevo paradigma propio de la modernidad: el poder de la seguridad. Este cambio supone el tránsito desde la soberanía del rey hacia la gubernamentalidad, una nueva forma de ejercer el poder político.
En el modelo soberano, el poder residía en el rey y se ejercía principalmente a través del castigo. Se gobernaba un territorio y la autoridad se sostenía en la capacidad de quitar la vida a quien no obedecía. En la modernidad, en cambio, el foco del gobierno deja de ser el territorio y pasa a ser la población, entendida no solo como un conjunto de individuos, sino como un fenómeno biológico y económico gestionable mediante variables estadísticas como la natalidad, la mortalidad, la longevidad o las epidemias.
Este nuevo tipo de poder se asemeja al poder pastoral de tradición cristiana, ya que es a la vez totalizante e individualizante: el gobierno debe velar por el bienestar del conjunto de la población, pero también intervenir sobre cada individuo en particular. Esta lógica constituye la base de la administración pública contemporánea y se articula a través de la gubernamentalidad, entendida como el conjunto de instituciones, saberes y cálculos que permiten gobernar a la población.
Foucault sitúa la raíz de este cambio de paradigma en una nueva forma de producir sujeción. Para explicarlo, distingue tres grandes tipos de luchas que han marcado la historia de las sociedades occidentales. En primer lugar, las luchas contra la dominación, dirigidas contra formas de poder étnicas, religiosas o sociales. En segundo lugar, las luchas contra la explotación, centradas en las relaciones económicas y laborales. Y, finalmente, las luchas contra la sujeción, que adquieren un papel central en la modernidad.
A diferencia de las anteriores, la lucha contra la sujeción no se dirige contra un enemigo externo visible, sino contra los mecanismos que atan al individuo a sí mismo y lo someten a través de su propia identidad. Se trata de resistir a un poder que clasifica, normaliza y asigna etiquetas —como “normal”, “anormal”, “productivo” o “desviado”— obligando a los sujetos a reconocerse dentro de esas definiciones impuestas por las instituciones. Mientras que la dominación y la explotación operan desde fuera, la sujeción actúa a nivel subjetivo: el poder moderno no solo manda, sino que produce sujetos.
La gubernamentalidad opera a través de dispositivos de seguridad, que gestionan la población mediante el cálculo del riesgo, la estadística y la normalidad. La sujeción funciona de forma invisible: el individuo se identifica como parte de una población “normal” y acepta ser regulado para mantener esa identidad. La seguridad no prohíbe directamente, sino que organiza el entorno para orientar la conducta dentro de ciertos márgenes.
Este proceso se integra con la biopolítica, donde los fenómenos biológicos entran en la estrategia política y se articulan con la economía. Bajo la racionalidad neoliberal, el individuo deja de ser principalmente un sujeto de derecho para convertirse en homo œconomicus, un empresario de sí mismo. En este punto, la sujeción alcanza su forma más extrema: el individuo se autoexplota gestionando su propio capital humano, y el colapso que se produce no es solo psicológico, sino profundamente político, al perder el control sobre su propia conducta en favor de las lógicas del mercado.
El conflicto entre trabajo y relaciones no se plantea como un problema emocional, sino como una cuestión de cómo funciona el self. Esto cambia la forma habitual de entender este tipo de tensiones.
ResponderEliminarEs interesante la idea de que el trabajo suele organizar la conducta y aportar estabilidad, mientras que las relaciones pueden desorganizarla, no porque estén mal, sino por cómo influyen en la atención y en la toma de decisiones.
La explicación sobre la dopamina es clara y muy importante. Entender la pérdida de energía psicológica como el resultado de expectativas que se frustran repetidamente ayuda a dar sentido a estados como el desánimo o la apatía, sin reducirlos a una simple falta de motivación.
También me parece interesante la distinción entre tres formas de responder al malestar: regular el cuerpo, controlar el entorno o cambiar la manera de interpretar lo que ocurre.